24/5/12

La poesia

    Llegas, silenciosa, secreta,
    y despiertas los furores, los goces,
    y esta angustia
    que enciende lo que toca
    y engendra en cada cosa
    una avidez sombría.

    El mundo cede y se desploma
    como metal al fuego.
    Entre mis ruinas me levanto,
    solo, desnudo, despojado,
    sobre la roca inmensa del silencio,
    como un solitario combatiente
    contra invisibles huestes.

    Verdad abrasadora,
    ¿A qué me empujas?
    No quiero tu verdad,
    tu insensata pregunta.
    ¿A qué esta lucha estéril?
    No es el hombre criatura capaz de contenerte,
    avidez que sólo en la sed se sacia,
    llama que todos los labios consume,
    espíritu que no vive en ninguna forma
    mas hace arder todas las formas.

    Subes desde lo más hondo de mí,
    desde el centro innombrable de mi ser,
    ejército, marea.
    Creces, tu sed me ahoga,
    expulsando, tiránica,
    aquello que no cede
    a tu espada frenética.
    Ya sólo tú me habitas,
    tú, sin nombre, furiosa substancia,
    avidez subterránea, delirante.

    Golpean mi pecho tus fantasmas,
    despiertas a mi tacto,
    hielas mi frente,
    abres mis ojos.

    Percibo el mundo y te toco,
    substancia intocable,
    unidad de mi alma y de mi cuerpo,
    y contemplo el combate que combato
    y mis bodas de tierra.

    Nublan mis ojos imágenes opuestas,
    y a las mismas imágenes
    otras, más profundas, las niegan,
    ardiente balbuceo,
    aguas que anega un agua más oculta y densa.
    En su húmeda tiniebla vida y muerte,
    quietud y movimiento, son lo mismo.

    Insiste, vencedora,
    porque tan sólo existo porque existes,
    y mi boca y mi lengua se formaron
    para decir tan sólo tu existencia
    y tus secretas sílabas, palabra
    impalpable y despótica,
    substancia de mi alma.

    Eres tan sólo un sueño,
    pero en ti sueña el mundo
    y su mudez habla con tus palabras.
    Rozo al tocar tu pecho
    la eléctrica frontera de la vida,
    la tiniebla de sangre
    donde pacta la boca cruel y enamorada,
    ávida aún de destruir lo que ama
    y revivir lo que destruye,
    con el mundo, impasible
    y siempre idéntico a sí mismo,
    porque no se detiene en ninguna forma
    ni se demora sobre lo que engendra.

    Llévame, solitaria,
    llévame entre los sueños,
    llévame, madre mía,
    despiértame del todo,
    hazme soñar tu sueño,
    unta mis ojos con aceite,
    para que al conocerte me conozca.


Autor: Octavio Paz

Amor condusse noi ad una morte

Amor condusse noi ad una morte
    Amar es una angustia, una pregunta,
    una suspensa y luminosa duda;
    es un querer saber todo lo tuyo
    y a la vez un temor de al fin saberlo.

    Amar es reconstruir, cuando te alejas,
    tus pasos, tus silencios, tus palabras,
    y pretender seguir tu pensamiento
    cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

    Amar es una cólera secreta,
    una helada y diabólica soberbia.

    Amar es no dormir cuando en mi lecho
    sueñas entre mis brazos que te ciñen,
    y odiar el sueño en que, bajo tu frente,
    acaso en otros brazos te abandonas.

    Amar es escuchar sobre tu pecho,
    hasta colmar la oreja codiciosa,
    el rumor de tu sangre y la marea
    de tu respiración acompasada.

    Amar es absorber tu joven savia
    y juntar nuestras bocas en un cauce
    hasta que de la brisa de tu aliento
    se impregnen para siempre mis entrañas.

    Amar es una envidia verde y muda,
    una sutil y lúcida avaricia.

    Amar es provocar el dulce instante
    en que tu piel busca mi piel despierta;
    saciar a un tiempo la avidez nocturna
    y morir otra vez la misma muerte
    provisional, desgarradora, oscura.

    Amar es una sed, la de la llaga
    que arde sin consumirse ni cerrarse,
    y el hambre de una boca atormentada
    que pide más y más y no se sacia.

    Amar es una insólita lujuria
    y una gula voraz, siempre desierta.

    Pero amar es también cerrar los ojos,
    dejar que el sueño invada nuestro cuerpo
    como un río de olvido y de tinieblas,
    y navegar sin rumbo, a la deriva:
    porque amar es, al fin, una indolencia.


Autor:  Xavier Villaurrutia



Me Gustaria

Me gustaría
Me gustaría gritarlo… A los cuatro vientos,
por los siete mares,
por los cinco continentes,
Cuánto te amo.
Quisiera contarle al primero que pasa,
lo que me está pasando,
lo que siento por ti.
Me gustaría escribirlo en la corteza de los árboles,
en los muros de los edificios,
en las veredas de las ciudades más transitadas,
en el viento, en el agua,
en el aire húmedo de la noche,
en los vidrios empañados de los autos,
en las mesas de los bares.
en los pizarrones de todas las escuelas,
en los cuadernos de los alumnos.
Me gustaría publicarlo en los diarios,
difundirlo por la radio,
publicitarlo en la televisión, en los afiches,
en los folletos turísticos,
en las marquesinas de todos los teatros,
y de todos los cines.
Quisiera que el mundo entero supiese
cuánto te amo.

Tanto amor no puede ser anónimo,
tiene nombre y apellido,
tiene cosas que decir,
y canciones que cantar,
no se merece vivir a la sombra,
amarse en silencio,
viajar de polizón.
Este amor escondido
algún día saldrá a la luz del día
y ese día, amor mío…
Todas las mañanas serán tuyas,
te lo prometo y te lo firmo,
confía en mí, amante mía.
Y te llevaré por los caminos
como una bandera al viento.
Pero ahora no… No puedo,
tengo miedo… Y tú sabes por qué.


Autor: Gian Franco Pagliaro