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5/5/15

Duo de Amor


En el hondo silencio de la noche serena
se dilata un lejano perfume de azucena,
y aquí, bajo los dedos de seda de la brisa,
mi corazón se ensancha como en una sonrisa...
 

Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo
donde palpita un eco del corazón del mundo,
un corazón inmenso que late no sé donde,
pero que oye el latido del mío, y me responde...

El corazón que sientes latir en derredor,
es un eco del tuyo, que palpita de amor.

El corazón del mundo no es ilusorio: Existe.
Pero, para escucharlo, es preciso estar triste;
triste de esa tristeza que no tiene motivo,
en esta lenta muerte del dolor de estar vivo.

La vida es un rosal cuando el alma se alegra,
pero, cuando está triste, da una cosecha negra.
El amor es un río de luz entre la sombra,
y santifica el labio pecador que lo nombra.
 

Sólo el amor nos salva de esta gran pesadumbre,
levantando el abismo para trocarlo en cumbre.
 

Sólo el amor nos salva del dolor de la vida,
como una flor que nace de una rama caída;
pues si la primavera da verdor a la rama,
el corazón se llena de aroma, cuando ama.

Amar es triste a veces, más triste todavía
que no amar. El amor no siempre es alegría.

Tal vez, por eso mismo, es eterno el amor:
porque, al dejarnos tristes, hace dulce el dolor.

Amar es la tristeza de aprender a morir.

Amar es renacer. No amar, es no vivir.

El amor es a veces lo mismo que una herida,
y esa herida nos duele para toda la vida.

Si cierras esa herida tu vida queda muerta.
Por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta;
y si un día ella sola se cierra de repente,
tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente.

Desdichada alegría que nace del dolor.

De un dolor de la rama también nace la flor.

Pero de esa flor efímera, como todas, se mustia,
y la rama se queda contraída de angustia.

Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja,
y así el amor -resumen de toda paradoja-
renace en cada muerte con vida duradera;
porque decir amor, es decir primavera.

Primavera del alma, primavera florecida
que deja un misterioso perfume en nuestra vida.

Primavera del alma, de perpetuo esplendor,
que convierte en sonrisa la mueca del dolor.

Primavera de ensueño que nos traza un camino
en la intrinca selva donde acecha el destino.

Primavera que canta si el huracán la azota
y que da nuevo aliento tras de cada derrota.

Primavera magnánima, cuyo verdor feliz
rejuvenece el árbol seco hasta la raíz...

Amor es la ley divina de plenitud humana;
dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana...

Eso es amor, y amando, también la vida es eso:
Dos almas que se duermen a la sombra de beso! 



Por: José A. Buesa  (Cubano)

 














17/6/13

Elegía para mí y para tí

Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y tú te irás borrando lentamente de mi sueño.
Un año y otro año caerán como hojas secas
de las ramas del árbol milenario del tiempo,
y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,
se alejará en la sombra creciente del recuerdo.

Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y quizá, poco a poco, dejaré de hacer versos,
bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,
de las desilusiones y los aburrimientos.
Tú, que nunca soñaste mas que cosas posibles,
dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.

Acaso nos veremos un día, casualmente,
al cruzar una calle, y nos saludaremos.
Yo pensaré quizá: "Qué linda es todavía."
Tú quizá pensarás: "Se está poniendo viejo"
Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo o con otra.
o tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.

Y seguirá muriendo la vida, año tras año,
igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.
Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,
o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.
Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,
pensaré en ti un instante, pero cada vez menos....

Y pasará la vida. Yo seguiré soñando;
pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.
Yo ya te habré olvidado definitivamente
y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.
(Y quizá, para entonces, al cruzar una calle,
nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.

Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,
las manos para siempre cruzadas sobre el pecho.
Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,
te pasarás las horas bostezando y tejiendo.
Y cada primavera renacerán las rosa,
aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto. 


Por José A. Buesa (Cubano)

14/2/13

El Gran Amor


El Gran  Amor

Un gran amor, un gran amor lejano
es algo así como la enredadera
que no quisiera florecer en vano
y sigue floreciendo aunque no quiera.

Un gran amor se nos acaba un día
y es tristemente igual a un pozo seco,
pues ya no tiene el agua que tenía
pero le queda todavía el eco.

Y, en ese gran amor, aquel que ama
compartirá el destino de la hoguera,
que lo consume todo con su llama
porque no sabe arder de otra manera.


Por: José A. Buesa (Cubano)



5/9/12

Elegía para ti, para mí

 
      Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
      y tú te irás borrando lentamente de mi sueño.
      Un año y otro año caerán como hojas secas
      de las ramas del árbol milenario del tiempo,
      y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,
      se alejará en la sombra creciente del recuerdo.
      Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
      y quizá, poco a poco, dejaré de hacer versos,
      bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,
      de las desilusiones y los aburrimientos.
      Tú, que nunca soñaste más que cosas posibles,
      dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.
      Acaso nos veremos un día, casualmente,
      al cruzar una calle, y nos saludaremos.
      Yo pensaré quizá: "Qué linda es todavía."
      Tú quizá pensarás: "Se está poniendo viejo"
      Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo o con otra.
      O, tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.
      Y seguiré muriendo la vida, año tras año,
      igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.
      Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,
      o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.
      Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,
      pensaré en ti un instante, pero cada vez menos....
      Y pasará la vida. Yo seguiré soñando;
      pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.
      Yo ya te habré olvidado definitivamente
      y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.
      Y quizá, para entonces, al cruzar una calle,
      nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.
      Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,
      las manos para siempre cruzadas sobre el pecho.
      Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,
      te pasarás las horas bostezando y tejiendo.
      Y cada primavera renacerán las rosas,
      aunque ya estés vieja, y aunque yo me haya muerto.
     

 Autor: José Angel Buesa (Cubano)

3/5/12

Se deja de Querer

Se deja de querer...
y no se sabe por qué se deja de querer;
es como abrir la mano y encontrarla vacía
y no saber de pronto qué cosa se nos fue.
Se deja de querer...
y es como un río cuya corriente fresca ya no calma la sed,
como andar en otoño sobre las hojas secas
y  pisar la hoja verde que no debió caer.
Se deja de querer...
Y es como el ciego que aún dice adiós llorando
después que pasó el tren,
o como quien despierta recordando un camino
pero ya sólo sabe que regresó por él.
Se deja de querer...
como quien deja de andar una calle sin razón, sin saber,
y es hallar un diamante brillando en el rocío
y que ya al recogerlo se evapore también.
Se deja de querer...
y es como un viaje detenido en las sombras
sin seguir ni volver,
y es cortar una rosa para adornar la mesa
y que el viento deshoje la rosa en el mantel.
Se deja de querer...
y es como un niño que ve cómo naufragan sus barcos de papel,
o escribir en la arena la fecha de mañana
y que el mar se la lleve con el nombre de ayer.
Se deja de querer...
y es como un libro que aún abierto hoja a hoja quedó a medio leer,
y es como la sortija que se quitó del dedo
y solo así supimos... que se marcó en la piel.
Se deja de querer...
y no se sabe por qué se deja de querer.